La vibración mental mueve el mundo

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¿Has sentido alguna vez las buenas o malas vibraciones de otras personas? Llegas a una reunión y, de inmediato, sin saber exactamente cómo, empiezas a sentir que todo está bien o que todo está mal. Muchas veces −especialmente si no has entrenado tu mente para ello− no eres consciente de lo que está pasando, pero ese hecho imperceptible para tus cinco sentidos determina el resto de lo que es la reunión: te sientes muy a gusto y pasas un rato fantástico, te ríes, fluyes tranquilamente, eres feliz. O todo lo contrario, te sientes mal, te aburres y te quieres ir casi tan pronto como llegaste. La razón está en la vibración mental, conformada por ondas energéticas que están en todas partes, átomos y partículas que se mueven por el espacio vibrando en diferentes frecuencias para construir todo lo que existe alrededor y que nosotros podemos llegar a percibir.

Un libro muy antiguo, más antiguo que las religiones mismas, llamado El Kibalión, nos cuenta que el tercero de los principios herméticos es el Principio de Vibración y explica que todo está en constante movimiento, que nada en el universo está inmóvil. Con esta base entendemos cómo funciona la energía mental.

 

Qué tipos de vibraciones energéticas existen

Lo más importante es comprender que cada uno de nuestros estados mentales genera una vibración energética distinta. La alegría, el deseo, la tristeza o la envidia vibran a una frecuencia específica y alteran nuestro campo energético para bien o para mal. Un impacto cualquiera −recibir una noticia, encontrarnos con alguien del pasado, enfermarnos− es capaz de alterar el flujo de energía y, con ello, también nuestro equilibrio mental.

 

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Entonces, ¿dependemos de las vibraciones energéticas? Sí y no. Indudablemente nos afectan, pero podemos aprender a manejarlas, incrementarlas o reducirlas, para nuestro propio beneficio. Incluso podemos medirlas, el doctor David R. Hawkins, médico psiquiatra americano y una de las más altas autoridades en el estudio no religioso de la espiritualidad, creó una escala que permite medir numéricamente las vibraciones que genera cada estado de consciencia y así determinar rutas de acción para orientarnos hacia la iluminación en la vida.

Por ejemplo, el estado de consciencia más bajo es la vergüenza, un estado muy bajo, cercano a la muerte. Lo experimentan las personas que tienen tendencias suicidas o intenciones criminales. Personas que sienten odio hacia sí mismas. En este caso, la escala marca un número muy bajo en el algoritmo (20 sobre 1.000, que es el máximo). De forma progresiva va pasando a otros estados como la culpa, el dolor, el miedo o el orgullo, hasta llegar a la alegría, la paz y la iluminación que marcan números por encima de 500 y son más cercanos a las vibraciones más puras de la divinidad.

 

¿Podemos controlar nuestra vibración mental?

Las vibraciones energéticas o mentales pueden caracterizarse, es decir, pueden estudiarse y podemos aprender de ellas para modificarlas y llegar a niveles más altos de consciencia. Digamos que tu vibración está en un nivel bajo −de vergüenza− y recibes una frecuencia musical o el comentario negativo de una persona. Inmediatamente experimentas un choque emocional que se manifiesta en desasosiego o incomodidad. Te hundes o te quedas abajo y, si sigues alimentando tu mente con pensamientos de derrota o tristeza, te estacionas allí por un largo tiempo; vives mal.

Lo contrario ocurre si, estando en un nivel bajo −digamos ahora que en un duelo− comienzas a recibir una frecuencia más alta, inmediatamente cambia tu vibración y, con ella, tu estado mental se encamina hacia un nuevo nivel de consciencia. La clave está en poder transformar conscientemente los pensamientos en vibraciones, convertir estas en palabras y en una actitud positiva general, así el cambio te llega más rápido; vives mejor.

El entrenamiento mental se trata, entonces, de aprender a manejar las vibraciones de tu flujo energético. Cuanto más positivo seas ante la vida, cuanto más constante seas en alimentar tus buenos pensamientos −amor, gratitud, alegría− más fuertes se volverán, más alto van a vibrar y más radicalmente vas a cambiar tu vida. Se incrementa inmediatamente el campo magnético a tu alrededor llegando incluso a afectar a quienes están hasta a diez metros alrededor.

Quienes logran llegar a este estado no se enferman, todo les llega de modo automático porque su vibración es tan alta que en su camino no hay ningún obstáculo. Pero son muy pocos los que llegan a este punto. Los demás debemos trabajar para mantener nuestra vibración en el amor, alrededor de 500 Hz, y para ello hay que eliminar las rabias, el odio, la envidia, la alegría por el mal ajeno y controlar los instintos básicos como la gula o la lujuria.

 


La vibración energética de tus pensamientos es, pues, la energía que mueve el mundo. Y el camino para llegar a dominar esa vibración es el autocontrol, la disciplina y la voluntad de querer ser mejores seres humanos siempre.

 

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