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Cerrar viejos ciclos para abrirse a lo nuevo

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Los seres humanos no somos estáticos; como parte del universo, nuestra existencia está gobernada por las mismas leyes que rigen todo lo que hay y, gracias a ello, estamos en constante cambio.

Es la dinámica de la vida. El niño que éramos hace años no es el adulto que somos ahora, las preocupaciones de nuestra adolescencia distan mucho de ser las que tenemos hoy día. Permanece nuestra esencia, eso sí: nuestro Yo interior, pero nuestro , esa parte que moldeamos todos los días con los amigos, la familia o el trabajo, cambia cada determinado tiempo, y eso es inevitable.

Los cambios son necesarios. Que existan significa que hay ciclos y que la vida se nos presenta como una constante renovación de las condiciones que afectan nuestra parte emocional, económica, familiar, social o laboral. Ser conscientes de esto es fundamental para entender cómo afrontar cada situación y lograr en todas ellas un equilibrio. Es muy importante saber identificar los ciclos en que estamos, entender qué demandan de nosotros y qué debemos aprender de ellos para sacarles un mayor provecho.

Asimismo, es importante saber abandonarlos. La palabra ciclo implica un período de tiempo que, una vez acabado, se vuelve a contar de nuevo y por eso mismo es finito, porque tiene un final que genera un nuevo comienzo y, en cada caso, nos trae nuevos retos y nuevos aprendizajes que debemos saber incorporar para seguir avanzando en la vida. No hacerlo es estancarnos indefinidamente hasta no haber aprendido lo que cada ciclo demanda.  Y para muchos, un ciclo no superado, es toda una vida, una reencarnación que solo se superará hasta no haber cerrado adecuadamente lo que debía aprenderse.

El fin de año es, para todos, el cierre de un ciclo. Ya sé que los calendarios fueron inventados para tener la ilusión de que controlamos el tiempo, pero si lo vemos más ampliamente, la conclusión de estos 365 días es un período propicio para evaluar qué tanto hemos hecho para mejorar en nuestra vida, qué tanto avanzamos en sentirnos mejor, qué tanto más sabemos ahora frente a lo que sabíamos un año atrás, cómo estamos en relación con lo que éramos y si hicimos algo por lo que otros nos recordarán el año que viene.

De modo que en esta época es bueno que hagas un alto en el camino y mires atrás, hazte las preguntas correctas, dejando que tu Yo interrogue a tu  para saber lo bueno, lo malo y lo feo que te deja el ciclo que termina. Hazlo de una manera neutral, procurando no tener emociones de ningún tipo para que lo que sientas no interfiera con la realidad objetiva de lo que pasó. Quizá no sea fácil, pero saber entender que somos cambio es poder aceptar que siempre hay algo nuevo y que saber entenderlo es también saber vivir la vida.

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